El Hostal de los Reyes Católicos de Santiago
Mar 8th, 2010 | Por Monica | Publicado en: Alojamientos, Monumentos, Santiago de CompostelaBuscando información en internet, he dado con este interesante documento sobre los orígenes del Hostal de los Reyes Católicos de Santiago en la página de Paradores de Turismo. Os reproduzco la parte más jugosa, aunque podeis acceder a todo el documento en pdf a través del enlace.
(…) Al fin llegaron los monarcas -los Reyes Católicos- a Compostela (pereginación en 1499). Y tras cumplir con el devoto y piadoso protocolo de postrarse ante el Sepulcro, advirtieron que el Hospital que había era viejo y resultaba insuficiente para atender las necesidades de los muchos peregrinos que a la ciudad llegaban, obligados a dormir donde podían: en el interior de la Catedral o incluso a sus puertas. Resultaba de todo punto preciso construir un nuevo hospital “capaz de dar cumplido y decoroso servicio a todos los devotos, enfermos y sanos que a la ciudad llegaren…”
Consumada la toma de Granada, estipulan los Reyes que una parte de las “rentas de guerras” sean destinadas a costear la construcción del nuevo hospital. Fue designado como administrador y gerente de la obra Don Hernando de la Vega. Y la realización del proyecto correría a cargo de Don Enrique Egas, el arquitecto más puntero y cotizado del momento. Tanto se ensañarían los monarcas con su buena obra que están encima de todos los detalles. Opinan y deciden sobre la calidad y la disposición de la piedra, las normas de contratación de los trabajadores, la calidad de los muros que deben ser “bien cimentados y muy recios”; la distribución de patios y chimeneas y hasta de que la cubierta del edificio tuviese todas
las garantías necesarias para resistir un clima tan húmedo y lluvioso; “Se pongan las armas reales en alabanza y gloria de Dios, de la Virgen y del Apóstol; que haya agua en fuentes y patios, que se hagan muchas chimeneas…”
Foto: Galería de fotos de Compostelavirtual en Flickr
No serían pocas ni fáciles “las estorbaduras encontradas” para la iniciación de tan piadosa empresa. Que si expropiaciones de terrenos, que si compensaciones y contrapartidas exigidas por el municipio. Que
si los vecinos monjes benedictinos eran contrarios a ceder parte de su agua… Todo ello y más hubo de ser resuelto gracias a la monárquica firmeza aunque no falte quien lo atribuye a la favorable voluntad del Santo.
Patios, fuentes, gárgolas, artesonados, verjas, canterías, altares, tallas, vidrieras. Un ejército de artistas y artesanos. Diez años de actividad febril pero cuidadosa llevó la empresa. Enfermos y peregrinos estrenaron aquel Real Hospital en 1509. Sería el más grande y el mejor dotado de los no pocos que por aquellos años había a lo largo del Camino.
Todo estaba minuciosamente reglamentado: cuadros médicos, higiene, confort, alimentación… ”El enfermo tenga una tabla de yeso en que escriba lo que el médico ordenare que se debe comer… El boticario traiga el libro en que asiente las medicinas que los manden dar… El médico sea obligado a mirar las aguas de cada enfermo y detenerse en cada uno algún espacio para informarse dél largamente,
y catándole la lengua al que hibiere menester…”
No olvidaban las ordenanzas los cuidados del espíritu (“Todos los ministros y dependientes seculares tendrán obligación de rezar cada día cinco veces el Pater Noster”) ni la higiene y asepsia necesarias. La
ropa de cama debería ser mudada cada ocho días en verano y cada quince en invierno y la paja de los jergones cada seis meses. ”…Deshaciendo los colchones y limpiando la lana de ellos según la necesidad y particularmente la de las camas en las que muere alguno, para quitar peligro de que la
enfermedad se pegue a otros…”
El Real Hospital disponía de los medios mejores y más avanzados de la época. Médicos, ayudantes, instalaciones, botica… Enfermos y peregrinos eran atendidos “en más de media docena de idiomas de los de Europa”. Pero en demasiadas ocasiones la ciencia no alcanzaba lo suficiente para tanto enfermo y tanta enfermedad. (“Frenéticos, nefríticos, maníacos, leprosos, posesos, flemáticos, coléricos, disentéricos, caniculosos, fistulosos…”).
Así que, de vez en cuando, no había más remedio que recurrir a la gracia del Apóstol, que curaba “no con medicamentos, jarabes, emplastos o pociones, sino con la gracia divina” a los que estaban fuera de cuentas de la ciencia: “… Devolvía la vista a los ciegos, el paso a los cojos, el oído a los sordos, el habla a los mudos, la vida a los muertos…”
Decididamente, los Católicos Monarcas habían construido el mejor Centro de Salud de la atormentada cristiandad medieval. Así lo constataría un cronista y centroeuropeo peregrino: “Es una obra magnífica y suntuosa, hecha de piedra, dotada de grandes recursos y fondos que tiene siempre a su disposición. Tiene propia y muy costosa botica, médicos, cirujanos y puede, indudablemente, rivalizar con los
más primeros hospitales del Cristianismo…”
Pero no siempre serían días de vino y rosas. Conocería el Real Hospital tiempos de litigios y penurias económicas, al punto de que sus recursos no alcanzaban más que para dar de comer a los peregrinos “llegados con enfermedad”, cuando su vocación y propósitos eran prestar solicitada atención a los romeros saludables.
Después de estos y otros muchos avatares, el Hospital- de siempre Hostería- sería convertido en Hostal por obra y gracia de aquel INI triunfal de 1958. El resultado de aquel Hospital/Hospedería es hoy este Parador. El viajero está ante el “Hotel más antiguo del mundo.” Desde fuera y dentro, del Obradoiro al Hostal, todo es una milagrosa sintonía de piedra y madera; de vidrio e hierro; de voces y luces. Todo
amasado por los dedos del tiempo y por las manos de los hombres. Siempre con la ayuda y la sombra del Apóstol.
Recientemente el Parador del Hostal de los Reyes Católicos ha adoptado la forma de museo, de modo que su patrimonio histórico y artístico puede ser visitado por el público en general.

