Si hay un nombre propio que destaca sobre el de todos los demás amigos, amantes o interesados en la historia reciente del Camino de Santiago, es sin duda el de Elías Valiña Sampedro, “el cura de O Cebreiro”.

Su nombre no tiene la “trascendencia” del Arzobispo Xelmírez o Santo Domingo de la Calzada, sin embargo, su labor y su esfuerzo es comparable al de estos y otros grandes personajes de la historia del Camino. Él sólo, con su empeño y constancia consiguió recuperar en la segunda mitad del siglo XX la casi extinguida “costumbre” de peregrinar a Santiago de Compostela.

Precisamente el desuso del Camino Francés a Santiago -anteriormente el más utilizado y el que más patrimonio artístico-religioso presenta-, había provocado que los caminos que guiaban a Santiago desde las diferentes localidades importantes de  la ruta jacobea estuvieran prácticamente “olvidados”.

Haciendo uso de su buena formación cultural e intelectual, Elías Valiña estudió minuciosamente la bibliografía existente sobre los caminos históricos a Santiago, y a partir de 1984, en una labor “titánica”, se dedicó a pintar desde la localidad de Roncesvalles -entrada histórica del Camino Francés a España- la famosas flechas amarillas que hoy en día todos los peregrinos utilizamos para ser guiados hasta la mismísima ciudad de Compostela.

Sin embargo, muy pocos son los que se paran a pensar cómo, cuando, quien o el por qué de esas flechas que tan fácil no hacen el peregrinaje, evitando casi siempre que nos equivoquemos de camino y tengamos un peregrinaje muchísimo maś fácil y cómodo de lo que lo era históricamente, cuando a nadie se le había ocurrido la idea de pintar las flechas.

Por esta y otras muchas razones Elías Valiña es un nombre a tener en cuenta y admiración. Si quieres acercarte más a la figura del “cura de O Cebreiro”, puedes profundizar en este link de la diocesis de Lugo.

2 thoughts on “Elias Valiña, impulsor del Camino de Santiago en los años 80

  1. A mí una de las tradiciones que más me ha sorprendido del Camino de Santiago fue la de dar tres vueltas al cruceiro que se encuentra al comienzo de la rúa de San Pedro, en la entrada a Compostela, para bajar la calle en silencio y sin golpear en el suelo con los báculos. Después de dar las tres vueltas al cruceiro, las costumbres antiguas dicen que se daban gritos y palmas de júbilo, para decir que estaban ya en la ciudad. Eso sí, era necesario guardar silencio y no golpear el suelo con los bastones desde ese cruceiro hasta la llegada a la Catedral, como forma de respeto al Apóstol.

  2. Lo conocí. Era un hombre enjuto, más bien menudo, mirada afilada que denotaba decisión, muy respetuoso de los motivos interiores por los que cada cual hacía la peregrinación. Lo conocí en El Cebreiro, en el propio refugio.
    En 1985 era sorprendente encontrar las flechas amarillas en los lugares más insospechados del recorrido.
    Habría que preguntarse si él se adelantó a un fenómeno social que iba a venir de todos modos, o este renacer del Camino fue posible como consecuencia, principalmente, de su acción de re-descubridor.
    Es decir, ¿habría llegado el Camino a lo que hoy es sin D. Elías Valiña?
    Mi pequeño homenaje desde aquí al “pequeño” cura de El Cebreiro, el apóstol del Camino en el siglo XX.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>