El Buen Camino. Capítulo 11: ” Noviembre”

Ene 11th, 2010 | Por Monica | Publicado en: Novela "El Buen Camino"

CAPITULO XI


NOVIEMBRE

A la mañana siguiente me
encontraba muy bien, incluso diría que más fuerte que ningún otro
día de los que llevaba de Camino. Me dirigí con Javier al albergue
de los holandeses y desde allí, comenzamos la jornada caminando en
grupo con otros peregrinos. Sin embargo, al cabo de unos minutos nos
dispersamos.
El matrimonio y yo íbamos delante, mientras que Javier se quedó
atrás, conversando con un compañero nuevo.

Después de unas horas
decidimos pararnos a desayunar. Lo hicimos despacio, intercambiando
opiniones y confidencias. Llevábamos allí más de media hora,
cuando vimos aparecer a lo lejos a Javier y su compañero. Traían
aspecto cansado, sobre todo el primero. Observamos

cómo
en la parte
superior de la mochila portaba una esterilla enrollada que, con el
movimiento mecánico de su cuerpo, se balanceaba exageradamente de
izquierda a derecha sobre su cabeza. Era un efecto muy gracioso. Les
dije a mis compañeros que me recordaba a uno de esos costaleros que
portan los pasos de Semana Santa y los tres nos reímos
maliciosamente. Al llegar a nuestra altura nos saludaron sin
detenerse. Decían sentirse bien y preferían aprovechar al máximo
las horas frescas de la mañana. Nosotros seguimos allí todavía un
rato, charlando sobre Javier y cómo lo había conocido.

Después
de tomar el desayuno, hablar, fumar y reirnos relajadamente,
continuamos. Al cabo de aproximadamente una hora, volvimos a
adelantarlos; pero al llegar a un pueblecito en el que vimos una
bonita iglesia, decidimos pararnos y entrar a visitarla.

Al
retomar la marcha, nos incorporamos a un grupo de peregrinos que
pasaban. Maydra y yo entablamos conversación con un chico de Sevilla
que dijo estar en el Camino preparando su tesis doctoral. Era
licenciado en Psicología y al parecer estudiaba el efecto que la
peregrinación tenía sobre las personas. Dijo conocer estudios en
los que quedaba demostrado que la realización de un peregrinaje
suponía tal fuente de estímulos, en muchos casos novedosos, para
las personas que lo hacían; que se llegaba a propiciar un cambio de
patrón de conducta, cuando esos individuos volvían a su hábitat
primitivo. Es decir, que muchas personas cambiaban después de una
peregrinación y él quería saber qué clase de pensamientos,
influenciados por los sentimientos, originaban el cambio de
comportamiento. Nos pareció fascinante.

Aprovechando
la ocasión, Maydra le pidió consejo sobre un asunto privado; y yo
le pregunté si tenía idea del significado que podían tener dos de
mis sueños: aquel en el que vuelo y la pesadilla en la que caigo al
vacío. Dijo no ser un experto en el significado de los sueños y me
remitió al estudio de las teorías de Freud y el psicoanálisis. Sin
embargo, a simple vista era fácil reconocer la existencia de un
elemento común en ambos: la inestabilidad. Maydra y yo nos miramos
con complicidad y le sugerimos que elaborara una pequeña hipótesis;
le salió de carrerilla: Posiblemente era el mismo pensamiento lo que
motivaba las dos fantasías; aunque el subconsciente los expresase en
sueños desde dos puntos de vista. El primero un sueño bonito y
agradable -por eso me veía más joven; y tal vez lo situaba en la
adolescencia por representar un momento de cambios. Sentía la
necesidad de avanzar, de echar a volar; lo que podría suponer el
deseo alejarme de algo, tal vez superar una dificultad –miré a
Maydra y ella cruzó el dedo índice sobre sus labios, indicándome
que no lo interrumpiera-. Eso mismo, aunque bajo la forma de
pesadilla, podría ser lo que se refleja en el otro sueño; aunque
aquí en vez de tomar tú el es decir, aquí en vez de irte te quedas
porque el miedo te impide moverte. Nuevamente reaccionas braceando,
lo que significa que una parte de ti quiere marcharse, pero la otra
parte de tu cuerpo, tus piernas no obedecen. Sería una falta de
coordinación entre lo que deseas y lo que haces.

Llegados a un punto Hans,
Maydra y yo decidimos pararnos a tomar algo. El resto del grupo
prefirió continuar. Nos sentamos en la terraza de un bar y pedimos
tres jarras de cerveza. Queríamos celebrar que estaba siendo un día
fantástico y que apenas nos había costado esfuerzo caminar los
veinticinco kilómetros que ya llevábamos recorridos. Tan sólo
restaban cuatro más para llegar al albergue. Nuevamente vimos
aparecer a lo lejos a Javier y su compañero.

-¿Os tomais una cerveza? –les
preguntamos.

-No, aquí, no –contestaron
sin detenerse. Luego, cuando lleguemos.

-¡Vale!, nos vemos ahora –les
dijo Hans con una sonrisa.

El
propio Hans nos propuso que cuando acabáramos las cervezas,
recorriésemos los kilómetros que restaban, a modo de competición.
Teníamos que llegar al albergue antes que ellos -es una pequeña
broma, dijo-. Maydra me miró con resignación.


Esos últimos cuatro kilómetros, se nos hicieron más pesados de lo
esperado. Después de la cerveza, los músculos se habían enfriado y
ya no fuimos capaces de recuperar el ritmo que llevábamos antes.
Cuando alcanzamos el albergue, ellos ya estaban en la habitación
preparándose para la ducha.

A
la hora de la cena, y entre risas, decidimos que las “tortuguitas”,
como ellos mismos se habían denominado, habían ganado la carrera.
Esa fue una bonita lección. En el Camino hay liebres y tortugas;
pero como en la fábula, si la liebre no se lo toma en serio, será
derrotado por la tortuga.

Tags: , , , ,

Leave Comment