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La iglesia del santuario de Muxía de A Nosa Señora da Barca-s. XVII- guarda en su interior un retablo mayor barroco de gran calidad y, sobre todo, la imagen gótica del siglo XIV de A Nosa Señora da Barca, a quien se dedica -el domingo después del día 8 de cada mes de septiembre- una de las mayores romerías de Galicia.
Según una tradición que se remonta a la Edad Media, la Virgen María acudió a este bello lugar en una ‘barca de piedra’ para dar ánimos al Apóstol Santiago en su labor evangelizadora.
A unos metros del santuario están las dos rocas vinculadas con el mito jacobeo: A Pedra de Abalar que simboliza a barca en la que llegó la Virgen y la Pedra dos Cadrís que simboliza la vela. La Pedra de Abalar puede oscilar y por eso muchos visitantes se ponen encima de ella para intentarlo, aunque según la leyenda, sólo pueden balancearla los limpios de corazón.
Cuenta la tradición que en Hospital de Órbigo, en el año 1434, Año Santo, tuvo lugar la hazaña del Paso Honroso, protagonizada por el señor Don Suero de Quiñones y nueve de sus caballeros.
Suero de Quiñones pidió audiencia al rey Juan II de Castilla para exponer una petición. El rey se hallaba por entonces en el Castillo de la Mota (Medina del Campo -Valladolid) con toda su familia. La petición era obtener el permiso para llevar a cabo un torneo especial en que tendrían que participar a la fuerza todos los caballeros que pasaran por el lugar elegido, que era el puente de Hospital de Órbigo, situado en la ruta leonesa del Camino de Santiago. Si se negaban a participar, debían depositar un guante en señal de cobardía y atravesar el río vadeándolo.
Las justas tuvieron lugar desde el 10 de julio hasta el 9 de agosto, interrumpidas únicamente en la festividad de Santiago. Don Suero llevaba colgada al cuello cada jueves una argolla metálica, como prueba de amor hacia su dama. El motivo para proponer las justas del puente era poderse librar de dicha argolla peregrinando a Santiago después de haber vencido a todos los caballeros que se presentasen en dicho puente y tras haber roto 300 lanzas.
El rey le dio permiso y ofreció toda clase de facilidades. Invitó a los mejores caballeros del reino a que pasasen por el camino de Hospital de Órbigo hasta que Quiñones pudiera cumplir la prueba.
Herido al fin Don Suero, marchó en peregrinación a Compostela. Allí, depositado en la capilla de las reliquias catedralicias, se conserva la cinta azul propiedad de su señora que el caballero portara en prenda,alrededor de su brazo, mientras duró la gesta.
Cuenta la tradición, que un día estaba un pastor de Velilla de la Reina, llamado Alvar Simón Fernández, el día 2 de Julio de 1505, fiesta de la Visitación de la Virgen, guardando su ganado, cuando vio en el sitio en que hoy se encuentra la Ermita del Humilladero, a la imagen de nuestra Señora, parecida en la forma a la Virgen del Camino de León.
Se sorprendió el pastor al ver delante de sí a la Virgen y más cuando le habló, diciéndole: “Vete a la ciudad, avisa al obispo que venga a este sitio y coloque en lugar decente esta mi imagen, la cual ha querido mi Hijo se aparezca en este lugar, para bien de esta tierra”. A lo que respondió el pastor: “Señora, ¿cómo me creerán de que sois Vos la que me envía?” Y le dijo la Virgen: “Dame esa honda que tienes en la mano”. Y, tomándola en la suya, la Soberana Señora cogió una piedra pequeña, la colocó en la honda y la arrojó diciendo: “Di al obispo que encontrará esta piedra tan grande, que será señal suficiente de que yo te envío, y en el mismo en que hallaréis la piedra, es mi voluntad y la de mi Hijo que se coloque la imagen”. Dicho esto desapareció la visión.
En el sitio que hoy se llama el Humilladero se construyó una ermita pequeña y pobre, por ser el sitio en que paró la piedra arrojada por la Virgen.
Pronto sintieron los devotos la conveniencia de acercar el Santuario al camino francés, ruta concurrida de peregrinos y de romeros, y accediendo a estos deseos el Cabildo y el Corregidor encargaron la construcción de otra ermita más lujosa y más amplia.
El santuario actual es de muy reciente construcción, 1961.
Existe una leyenda que intenta dar una explicación a la elección de la vieira como símbolo jabobeo:
Se cuenta que sucedió en las inmediaciones del lugar donde se varó la barca que transportaba los restos del apóstol Santiago desde Palestina.
Al parecer, tras la celebración de una boda, iba la comitiva acompañando a los novios siguiendo la tradición que mandaba regresar caminando desde el templo hasta el hogar de la novia, donde se celebraría el banquete. El recorrido discurría por la playa, que presentaba un gran oleaje. En un momento determinado la comitiva distinguió en el horizonte una barca a la deriva que se acercaba a la playa corriendo serios riesgos de naufragar. Ante esta visión el novio, que cabalgaba junto a su recién estrenada esposa, se decidió a acudir en ayuda de los apurados navegantes y se internó en las aguas sin desmontar de su caballo. Una gigantesca ola lo arrastró hacia las profundidades y, viéndose perdido, invocó a los cielos e inmediatamente sintió una extraña fuerza que lo arrastraba hacia la orilla. Caballo y jinete pisaron tierra firme justo en el momento en que la barca que transportaba los restos del apóstol alcanzaba la orilla. Al salir de las aguas, toda la comitiva pudo observar que, tanto jinete como cabalgadura, estaban completamente cubiertos de conchas de vieira.
Todos los presentes consideraron la salvación como un milagro debido a la intercesión del cuerpo que se transportaba en la barca y quedaron así indisolublemente unidos para siempre la imagen de Santiago con la concha de vieira.
Esta leyenda intentaría, por tanto, explicar la elección de la vieira como símbolo de Santiago realizada por el mismísimo Apóstol.
Cuenta la leyenda que estando el cura de la parroquia de O Cebreiro celebrando misa, entró un vecino de Barxamaior -pueblo vecino- a escucharla. Su patético estado, debido a las inclemencias del tiempo, puesto que era un día de una gran tormenta, hizo al religioso recriminarle que se acercara allí sólo por beber un poco de vino y comer un pedazo de pan.
En el momento de la Eucaristía, el pan se convirtió en carne y el vino en sangre, y el cura comprendió la ligereza y necedad de sus palabras.
Las reliquias de este milagroso acontecimiento se guardan hoy en la patena y se veneran en la romería que tiene lugar los días 8 y 9 de septiembre.
Además se puede rememorar el camino de tan devoto católico, descendiendo los 4 kilómetros que llevan a Barxamaior.
Al pie del Pórtico de la Gloria de la Catedral de Santiago, en la cara interna del parteluz, hay una extraña figura de un hombre arrodillado que, mirando hacia el altar mayor, parece orar.
La tradición lo identifica con el Maestro Mateo, artífice del conjunto, porque se cuenta que inicialmente se esculpió al pie del Pórtico como una más de las figuras, privilegio al que creyó tener derecho por haber esculpido tan maravillosa obra. Reprendido severamente por el Arzobispo de Santiago, se arrepintió de de su osadía y optó por permanecer eternamente de espaldas a su obra, privado del deleite de su contemplación.
Al Santo dos Croques se le atribuye el poder de traspasar sabiduría, inteligencia y talento a aquel que le propine 3 coscorrones con la cabeza. Por eso es costumbre que los visitantes de la catedral golpeen su cabeza contra la del personaje de piedra, con el fin de que se les transmita así su inteligencia y sabiduría.
Esta práctica era común especialmente entre los estudiantes de la Universidad de Santiago en vísperas de exámenes, razón por la cual es conocida con el apelativo de Santo dos Croques o Santo de los Coscorrones.
La leyenda del Apóstol Santiago dice, que los discípulos del Apóstol trajeron su cuerpo, martirizado en Palestina, en una “embarcación que fue impulsada por vientos favorables sobre una mar tranquila”, hasta las proximidades de Libredón, antiguo nombre de la actual Compostela.
La Señora de aquellas tierras era entonces la Reina Lupa, cuyas tropas persiguen a la comitiva apostólica hasta que un milagro los aniquila en las aguas del Río Tambre. Impresionada por el suceso, la reina Lupa ofrece a los discípulos tierras para sepultar el cuerpo del Apóstol.
Alrededor del año 813 un ermitaño llamado Paio, ve en las proximidades de Libredón unas luces extraordinarias (Compostela - Campo de la estrella) . Se avisa al obispo de Iria Flavia, Teodomiro, que al pie de un roble descubre restos de antiguas construcciones: un altar y tres monumentos funerarios. Dentro de un túmulo encuentran un cuerpo con la cabeza seccionada y a su lado un letrero que dice –Aquí yace Santiago, hijo del Zebedeo y de Salomé-. A su lado hay otras dos tumbas que supuestamente pertenecían a los díscípulos del Apóstol, Teodoro y Atanasio.
Alfonso II El Casto, Rey de Asturias, reconoció la existencia del sepulcro del santo, declarándolo Patrón del reino, y convirtió el lugar en centro del cristianismo, dándose comienzo inmediatamente a las peregrinaciones.

